Mayo de 2008: el mes más mariano de la derecha española.

 POLÍTICA

 

Mayo de 2008: el mes más mariano de la derecha española

En la anterior legislatura, el PP alentó un monstruo que ahora vomita su bilis sobre Rajoy

Para la derecha española, mayo de 2008 ha sido un mes políticamente muy mariano. Las rosas han ido todas para María San Gil, a la que sus correligionarios han elevado a los altares; las espinas, para Mariano Rajoy. El mérito de la primera es, dicen los suyos, su “valentía”; el pecado del segundo, su voluntad de conducir al PP hacia el centro.

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No discuto que María San Gil sea valiente, como lo son tanto o más los miles de vascos que se oponen abiertamente a ETA y no llevan escolta (recuérdese a Isaías Carrasco). Tampoco discuto que sea sincera: que diga lo que piensa y haga lo que dice. Tengo, en cambio, muchas dudas sobre si lo que piensa y hace es inteligente. Pero, en fin, los militantes y votantes del PP tienen derecho a santificar a quien quieran, faltaría más.

Más vale tarde que nunca
En cuanto a Rajoy, hace ahora lo que debería haber hecho en la anterior legislatura: formar su propio equipo y formular su propia política. ¿Tarde? Sin duda, pero más vale tarde que nunca. Sus colaboradores afirman que no osó en su momento por una serie de razones: el peso del aznarismo era muy fuerte; las ansias del PP por una inmediata revancha al 14-M, enormes; las voces de los que veían a ZP como un presidente accidental y provisional, ensordecedoras; la pereza del político gallego, notable…

El fallido primer intento
Sea como sea, Rajoy, tras perder por segunda vez el pasado 9-M, parece que hizo una lectura correcta de los resultados: el PP subió notablemente, pero su agresividad empujó a muchos votantes progresistas hacia ZP, haciendo que el voto socialista también aumentara. Ocurrió lo previsible: el PP explotó bien el miedo (a la crisis económica, a los inmigrantes, a la inseguridad, al porvenir de la visión nacionalista de España…), pero también dio miedo a muchos españoles. Resultado: el PP sacó más de 10 millones de votos, pero los demás (PSOE, IU, nacionalistas periféricos, etc) sacaron más de 13 millones de votos.

Difícil de cerrar
Aún pienso que el PP puede ganar las elecciones de 2012, máxime si los socialistas no se esfuerzan por recuperar prestigio e influencia entre las clases medias urbanas de Madrid, Valencia y Andalucía. También intuyo que, si sabe cerrarla bien, su crisis actual puede ser un episodio olvidado dentro de cuatro años. Ahora bien, resulta dificilísimo imaginar cómo puede cerrarse esta crisis.

Entrentanto, el mes mariano ha permitido constatar algunas cosas.

La jaula de grillos
1.- Frente a un campo progresista dividido, como mínimo, entre PSOE e Izquierda Unida, el gran mérito de Aznar fue unificar a las derechas españolas. Tal unificación funcionó bien en el período de conquista y disfrute del poder nacional (y en 2004-2008, que ellos consideraron erróneamente un paréntesis). Sin embargo, el guirigay se hace patente en esta hora de vacas flacas: liberales, ultraliberales, neoliberales, democristianos, reformistas, populistas, postfranquistas, conservadores, neocon, tradicionalistas, españolistas, laicos, integristas, neofalangistas… Todas estas facciones se están concentrando en los dos bloques ahora enfrentados: centro derecha (marianistas) y derecha extrema (antimarianistas).

El monstruo antaño alimentado
2.- En la anterior legislatura, el PP alentó un monstruo que ahora vomita su bilis contra los marianistas. Me refiero a esa coalición militante de radiopredicadores, columnistas, tertulianos, organizaciones de víctimas del terrorismo, movimientos ultracatólicos y nostálgicos varios del franquismo, que hostigó a Zapatero un día sí y otro también, acusándoles de traicionar a los muertos de ETA, regalarle Euskadi y Navarra a la banda terrorista, romper España, cargarse la familia tradicional y lindezas semejantes. Esa coalición tilda hoy a Rajoy de traidor, cobarde, tiranuelo, vendido al socialismo y hasta cómplice de ETA (“O se está con María San Gil o se está con ETA”, Carlos Iturgaiz dixit).

Sobrevivir a la renovación
3.- Rajoy está intentando algo que parece imposible: liderar una renovación humana y política de su partido en la que todos son susceptibles de ser sustituidos menos él. Los procesos de renovación que han dado buenos resultados en la reciente historia política nacional han estado dirigidos por líderes nuevos (Felipe González, Aznar, Zapatero…). Y el argumento marianista según el cual González y Aznar también perdieron dos elecciones generales antes de llegar a La Moncloa olvida el hecho capital de que ni uno ni otro habían sido ministros y, aún menos, vicepresidentes de ningún Gobierno español.

Lo mejor para España
Nada sería mejor para la democracia española que el partido de la gaviota cerrara pronto esta crisis y que la ganaran los partidarios de defender desde la moderación y el sentido de Estado eso que, con insistencia de argumentario, todos sus dirigentes llaman los “principios y valores” del PP. España necesita una oposición activa y sólida, leal y constructiva.

Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha sido corresponsal de El País en Beirut, Rabat, París y Washington y director adjunto de ese periódico, así como Director General de Información Internacional de la Presidencia del Gobierno entre 2004 y 2006

Blog de Javier Valenzuela

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No discuto que María San Gil sea valiente, como lo son tanto o más los miles de vascos que se oponen abiertamente a ETA y no llevan escolta (recuérdese a Isaías Carrasco). Tampoco discuto que sea sincera: que diga lo que piensa y haga lo que dice. Tengo, en cambio, muchas dudas sobre si lo que piensa y hace es inteligente. Pero, en fin, los militantes y votantes del PP tienen derecho a santificar a quien quieran, faltaría más.

Más vale tarde que nunca
En cuanto a Rajoy, hace ahora lo que debería haber hecho en la anterior legislatura: formar su propio equipo y formular su propia política. ¿Tarde? Sin duda, pero más vale tarde que nunca. Sus colaboradores afirman que no osó en su momento por una serie de razones: el peso del aznarismo era muy fuerte; las ansias del PP por una inmediata revancha al 14-M, enormes; las voces de los que veían a ZP como un presidente accidental y provisional, ensordecedoras; la pereza del político gallego, notable…

El fallido primer intento
Sea como sea, Rajoy, tras perder por segunda vez el pasado 9-M, parece que hizo una lectura correcta de los resultados: el PP subió notablemente, pero su agresividad empujó a muchos votantes progresistas hacia ZP, haciendo que el voto socialista también aumentara. Ocurrió lo previsible: el PP explotó bien el miedo (a la crisis económica, a los inmigrantes, a la inseguridad, al porvenir de la visión nacionalista de España…), pero también dio miedo a muchos españoles. Resultado: el PP sacó más de 10 millones de votos, pero los demás (PSOE, IU, nacionalistas periféricos, etc) sacaron más de 13 millones de votos.

Difícil de cerrar
Aún pienso que el PP puede ganar las elecciones de 2012, máxime si los socialistas no se esfuerzan por recuperar prestigio e influencia entre las clases medias urbanas de Madrid, Valencia y Andalucía. También intuyo que, si sabe cerrarla bien, su crisis actual puede ser un episodio olvidado dentro de cuatro años. Ahora bien, resulta dificilísimo imaginar cómo puede cerrarse esta crisis.

Entrentanto, el mes mariano ha permitido constatar algunas cosas.

La jaula de grillos
1.- Frente a un campo progresista dividido, como mínimo, entre PSOE e Izquierda Unida, el gran mérito de Aznar fue unificar a las derechas españolas. Tal unificación funcionó bien en el período de conquista y disfrute del poder nacional (y en 2004-2008, que ellos consideraron erróneamente un paréntesis). Sin embargo, el guirigay se hace patente en esta hora de vacas flacas: liberales, ultraliberales, neoliberales, democristianos, reformistas, populistas, postfranquistas, conservadores, neocon, tradicionalistas, españolistas, laicos, integristas, neofalangistas… Todas estas facciones se están concentrando en los dos bloques ahora enfrentados: centro derecha (marianistas) y derecha extrema (antimarianistas).

El monstruo antaño alimentado
2.- En la anterior legislatura, el PP alentó un monstruo que ahora vomita su bilis contra los marianistas. Me refiero a esa coalición militante de radiopredicadores, columnistas, tertulianos, organizaciones de víctimas del terrorismo, movimientos ultracatólicos y nostálgicos varios del franquismo, que hostigó a Zapatero un día sí y otro también, acusándoles de traicionar a los muertos de ETA, regalarle Euskadi y Navarra a la banda terrorista, romper España, cargarse la familia tradicional y lindezas semejantes. Esa coalición tilda hoy a Rajoy de traidor, cobarde, tiranuelo, vendido al socialismo y hasta cómplice de ETA (“O se está con María San Gil o se está con ETA”, Carlos Iturgaiz dixit).

Sobrevivir a la renovación
3.- Rajoy está intentando algo que parece imposible: liderar una renovación humana y política de su partido en la que todos son susceptibles de ser sustituidos menos él. Los procesos de renovación que han dado buenos resultados en la reciente historia política nacional han estado dirigidos por líderes nuevos (Felipe González, Aznar, Zapatero…). Y el argumento marianista según el cual González y Aznar también perdieron dos elecciones generales antes de llegar a La Moncloa olvida el hecho capital de que ni uno ni otro habían sido ministros y, aún menos, vicepresidentes de ningún Gobierno español.

Lo mejor para España
Nada sería mejor para la democracia española que el partido de la gaviota cerrara pronto esta crisis y que la ganaran los partidarios de defender desde la moderación y el sentido de Estado eso que, con insistencia de argumentario, todos sus dirigentes llaman los “principios y valores” del PP. España necesita una oposición activa y sólida, leal y constructiva.

Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha sido corresponsal de El País en Beirut, Rabat, París y Washington y director adjunto de ese periódico, así como Director General de Información Internacional de la Presidencia del Gobierno entre 2004 y 2006

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