Camps y Bárcenas, cadáveres vivientes y…

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • ENRIC SOPENA

    29/07/2009

Cabos sueltos

Luis Bárcenas -aforado al máximo nivel como consecuencia de su escaño de senador- compareció hace exactamente una semana ante el magistrado del Tribunal Supremo Francisco Monterde, que es el instructor de la causa. Salió Bárcenas, tras ser interrogado por el magistrado y por el fiscal, con la equívoca etiqueta de “imputado provisional”. Se trata de una insólita categoría procesal, que cabe legítimamente interpretar como una improcedente cortesía del magistrado hacia el tesorero del PP. Lo cierto es que el acusado afirmó a los periodistas que estaba “muy contento” al haber podido demostrar su “inocencia”.

<!–Pero resulta una evidencia que el senador Bárcenas –cuya actividad en la Cámara Alta es desconocida- no acertó en su optimista diagnóstico. Porque si este hombre, tan diestro en acumular a gran velocidad una fortuna exuberante, hubiera en efecto demostrado su “inocencia”, a estas horas no habría presentado su dimisión a Mariano Rajoy o bien éste no se la hubiera aceptado. La renuncia del tesorero del PP se produjo muy pocas horas después de una información puntilla, que ayer publicaba El País. La Fiscalía Anticorrupción sugiere que Bárcenas “encubrió” con un crédito el dinero que le dio Francisco Correa, el cabecilla de la trama Gürtel.

“Dimisión temporal”

Rajoy -emulando al magistrado Monterde- ha bautizado el gesto de Bárcenas como el de “dimisión temporal.” ¿Por qué tantos miramientos con este sujeto? ¿Por qué Rajoy volvió a defender ayer, en el último comité ejecutivo del PP antes de las vacaciones, la “presunción de inocencia” del tesorero quien, por cierto, estaba presente? ¿Por qué criticó también los juicios paralelos; o sea, los mediáticos? ¿Y por qué de nuevo insistió en la teoría de la conspiración contra su partido, insinuando nada menos que el Gobierno pretende hundir a la oposición?

Hacia el abismo
Al líder de la derecha hace ya meses que la situación derivada de los escándalos de corrupción le supera con creces y le empuja -con lentitud pero con obvio peligro- hacia el abismo. En paralelo a la dimisión de Bárcenas, hemos sabido que el caso de los espías ha resucitado súbitamente, con nombres y apellidos y por la vía judicial. El cierre de la Comisión Parlamentaria de Investigación –decretado por Esperanza Aguirre a instancias de su gurú principal, que es Pedro J. Ramírez- fue un cierre en falso.

Manuel Cobo y Prada

Tres ex guardias civiles, contratados por el consejero de Interior y hombre del círculo de confianza de la lideresa, Francisco Granados, han sido imputados. No se olvide que dos altos cargos del sector marianista –el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, y el ex vicepresidente del Gobierno autonómico madrileño, Alfredo Prada- presentaron sus correspondientes denuncias al juzgado denunciando que habían sido objetos de investigaciones o seguimientos ilegales.

Va para largo
Ni la exigua ventaja que otorga el CIS al PP sobre el PSOE ha podido dar un respiro tranquilizante a Rajoy, que por lo demás continúa siendo valorado como jefe de la oposición mayoritaria muy por debajo de José Luís Rodríguez Zapatero. El temporal de la corrupción popular no parece dispuesto a desaparecer en breve. Más bien da la impresión de que va para largo. Adviértase que llevamos más o menos medio año de trama Gürtel y, con intermitencias, del caso de los espías. Y el PP no consigue controlar la situación.

Defensa férrea

Todo lo contrario. Rajoy ha optado por una defensa férrea, numantina, encerrado el PP en su área o en su bunker. Ha fracasado también cuando ha ensayado escarceos cercanos al axioma de que la mejor defensa es un buen ataque. Porque un buen ataque no consiste en decir barbaridades o en inventarse realidades irreales o en soltar vulgares chorradas sobre las anchoas cántabras o sobre los regalos de Navidad. Todo eso no es un buen ataque. Es sólo la pataleta de los que han sido pillados con las manos en la masa. Como le ha pasado a Francisco Camps, que no quiere reconocer que, haga lo que haga, su carrera política se ha terminado. Camps y Bárcenas son políticamente cadáveres vivientes.

Arenas movidizas
Y, más allá de los enfrentamientos entre Rajoy y Aguirre, lo cierto es que la presidenta de la Comunidad de Madrid vuelve a adentrarse en el territorio de las arenas movidizas. Puede prodigarse cuanto quiera en sus exhibiciones sobre el himno nacional y el Tour de Francia tatareando una letra inexistente. Puede hacer risas con Rubalcaba. Puede continuar cerrando a cal y canto Fundescam -evitando la más mínima transparencia al respecto-, esa Fundación donde enviaban mucho dinero para apoyarla en sus campañas el presidente de su club de fans y presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y otros empresarios espabilados.

Máximo peligro
Puede Aguirre encogerse de hombros en torno a los espías. Puede seguir diciendo que los imputados en la trama Gürtel no eran de los suyos, aunque tal aseveración no sea en absoluto exacta. Aguirre regresa a zona de máximo peligro. ¿Es éste el balance del liderazgo de Rajoy? Tiene al presidente de la Comunidad de Valencia, contra las cuerdas y con sus trajes. ¿Tendrá en el futuro inmediato en una posición similar a Aguirre? De momento, el intocable Bárcenas –otro de los iconos populares– ha caído por fin del pedestal. ¿Temporalmente? Tiempo al tiempo.


Enric Sopena es director de El Plural

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