El ayuntamiento de L’Alcúdia de Crespins: Paralisis o desconexión neurológica.

Hoy empieza en Valencia el Congreso del Partido Popular que va a entronizar a Camps I que va a suceder, en un conclave a la búlgara, al que fuese su antecesor, mentor y detractor D. Eduardo Zaplana Hernandez-Soro, ex-ministro, ex-portavoz y actual usufructuario en la actualidad de un puesto en Telefónica que le rinde algúnos millones de euros al año que deberá de sumar a los obtenidos de una u otra manera en su etapa de mandatario público que arrancó con la transfuga Maruja la de Benidorm. Un carrerón sin precedentes rodeado de una impunidad inexplicable.

Los cadaveres que Camps I guarda en su armario del Palau de la Generalitat del que es el máximo exponente el otro emperador de castellón -dicese de Don Carlos Fabra- no son obice ni valladar para que tots a una veu los representantes de la congregación voten con la targeta del sí y salgan en tromba el próximo domingo a comerse el mundo y ocupar hasta la última rendija del poder político, económico, social o mediatico. Este beatífico Congreso va a abundar en la idea del levante feliz, la perversión del Gobierno de España y en la autosuficiencia del partido conservador para crear un espacio límbico en el que no penetre la crisis ni los deficits sociales de la Comunitat. El paraiso peperal.

En este pueblo de nuestras entretelas -L’Alcúdia de Crespins- gobierna el PP desde las elecciones locales de 2007. El gobierno local está siguiendo a piés juntillas el manual de buenas prácticas establecido por el partido conservador y, aplicando la vieja tactica de los equipos de futbol ramplones, está adormeciendo el juego, matando el partido de futbol de manera que el equipo contrario se contagie de la lentitud y ni siquiera corra lo más mínimo a robar la pelota para crear, al menos, una jugada de peligro. El aletargamiento es tal que a la izquierda progresista, mayoritaria en el número de votos, no está ni se le espera. Seguramente se ha retirado a los vestuarios porque no ve ya ni el balón.

Nos gustaría establecer el paralelismo existente entre la política de humo del PP en la Generalitat Valenciana y la misma, pero con humo más barato, que está realizando el PP en nuestro pueblo. Cuatro cositas, una mano de pintura, tres placas y algúnos pateticos discursitos jalonan el gobierno que debía llenar las arcas municipales de millones de euros y de invesiones nuestros espacios públicos. La evidencia deja en pelota picada la mentira, pero para ellos la evidencia no existe porque a la opacidad se una la esclerosis multiple ideológica, política y estratégica de una izquierda que personaliza sus cuitas sin pensar en los ciudadanos y, por tanto, queda muy lejos de poder establecer una convergencia de voluntades y de experiencias que posibiliten al menos que se vea un atisbo de esperanza de cámbio. Ni está ni se le espera. Estamos disfrutando de una larga siesta política ysocial y que estan, a mayor abundamiento, trasladando a los ciudadanos y la sociedad local y de la que son especialmente culpables.

La manía y la obsesión de cifrar los éxitos políticos en la exclusiva materia del capitulo de las inversiones o, de lo que más genericamente se conoce como el hacer cosas, está en la base de la paralisis política y en el deterioro de la acividad social y ciudadana. La izquierda ya se ocupó durante su largo periodo de gobierno local de resolver los temas del ciclo integral del agua -captación, suministro, distribución y depuración- que tenía grandes carencias en 1979, de clausurar los vertederos ilegales poniendo en funcionamiento un moderno servicio de recogida, traslado y tratamiento de residuos, dotando de infraestrutura cultural muy digna para la época, abriendo locales para la tercera edad, nuevos centros escolares, guarderias o espacios para la práctica del deporte individual o colectivo; se ocupó de la vivienda y de los espacios industriales y modernizó la administración pública local en la medida e los avances informáticos y de gestión que la tecnología ponía a su alcance que era, por que no decirlo, muy rudimentaria. Caminos rurales fueron asfatados, barrancos fueron encauzados, se ordenó el territorio en función de las necesidades de un crecimiento que entonces no podía llamarse sostenible porque no se había inventado el concepto, pero sí respetuoso con el entorno y con una concentración estratégica de los servicios públicos a los ciudadanos que permitieran la mayor eficiencia. La salud tuvo su espacio para una prestación digna de los servicios médicos y todo lo antedicho se asentó sobre una trama social muy tupida conformada por unas asociaciones dinámicas, emprendedoras, participativas, críticas y reivindicativas. Es lo que se debía de hacer y se hizo con la filosofía del servicio público como norte y bandera de la ació política cetrada en las necesidades reales del ciudadano.

Quizás los nuevos ediles necesiten ver sus nombres inscritos en las placas commemorativas de la inauguración de naderias en conraste con los de aquella étapa de la que no encontrarán ni una sola instalada por el ayuntamiento; pero esta manía obsesiva no les hace caer en la cuenta que estos hitos manifiestos de egolatría sirven tambien para recordar la ineficacia de la autoridad en estado permanente inaugurante. La obsesión lleva a negar la realidad del pasado y hacer un corte complice en 1999 que hace abstracción de todo para negar la evidencia y comenzar a gobernar mirando al retrovisos en vez de utilizar los prismáticos de largo alcance para atisbar el futuro.

Y el futuro ha llegado en forma de crisis etableciendo un parentesis de diez años que hace ya casi imposible retomar una filosofía de gestión -compartida responablemente en muchos aspectos de interes comnitario por la derecha local- basada en la necesidad del ciudadano y en la preparación del futuro colectivo como ámbito del desarrollo individual y social de nuestro pueblo. Mucha ha sido la critica insensata al endeudamiento local que en su día analizaremos con tranquilidad y sosiego en su contexto, pero el deficit producido en estos años no solo ha sido de caracter económico y de abandono de las inversiones realizadas, sino un déficit de políticas sociales solidamente implantadas que es mucho peos que cualquier contingencia económica porque deja al ciudadano ayuno de bienos servivios y desprotegido en las presentes circunstancias de crisis inmobilaria, financiera, de desempleo y de poder adquisitivo de nuestras familias.

Ahí es donde se espera a la izquierda, en el impulso de las políticas sociales de protección de los más débiles y en las de garantía de los derechos constitucionales de los ciudadanos a la correcta prestación de los servicios públicos; sencillamente porque esos so los valores y fundamentos de la izquierda política: garantizar, exigir, reivindicar y materializar las politicas que nos hacen a todos más iguales en un Estado de Derecho. Es una obviedad que esta coyuntura económica no la sufre igual el poble que el rico, elque tiene empleo que el parado, la mujer que el hombre, los sanos que los enfermos o los nuevos ciudadanos que han venido de otros paises a compartir con nosotros su vida. La contabilidad pública es tan versatil que los números se reformulan y los eficits son de distintos colores, pero la realidad social de cada día marca cada día con trazos más gruesos las lineas rojas que separan las distintas formas de concebir la política de la izquerda y de la derecha; por eso la izquierda es más responable: en los años de bonanza por abonar e impulsar políticas neoliberales de gobierno en una clara connivencia implicita con la derecha, al mismo iempo que abandonaban de manera progresiva los elementos clave de la defensa e los derechos sociales y las estructuras prestatarias en beneficio de una políca que ha devenido no solo vácua en su previsión, sino perjudicial para la población aunque no lo haya sido para un reducido número de personas de todos los colores. La izquierda abandonó, deslumbrada por un poder ficticio, sus elementos fundamentales y dejó el timón en manos desaprensivas que ahora no sacarán a este pueblo ni de la mediocridad económica ni del déficit social sencillamente porque no es conveniente para el sistema y porque recuperar el nervio comunitario precisa de una cirujía trenendamente invasiva.

Así que todos han optado por entretenerse en entretenimientos recreativos, acusaciones de ida y vuelta, irresponsabilidades sonrojantes, conformismos que ya ni desesperan, paralisis cronica de gestión participativa y una buna dosis de anestesia o sustitutos opiaceos que producen una desconexión neurológica que les instala en el nirvana de una realidad a la que hace años que han dado la espalda.

Mientras, la aumenta el desapego de la gente a la política, el desprecio al noble ejercicio de ejercerla, se deterioran las instituciones públicas, se pervierte el discurso práctico en beneficio de la vacuidad teorica y los jovenes, el futuro, se alejan hacia nuevos estadios de compromisos que abren los movimientos sociales o las ONGs que suplen cada vez más a esta política de laxitud indolente y de compromiso real de la izquierda. No sabemos si el enfermo está anestesiado o en estado catatónico, pero no es aixó, companys, no es aixó. Si no sois capaces de acitivar la conciencia individual, la conciencia colectiva seguro que dará, como lo ha hecho siempre, su veredicto inapelabre.

¡Volved a la realidad de una puñetera vez!.

 

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