POLÍTICA

 

El supuesto Mesías del Valencia, a casi medio millón de euros por día

El caso Valencia, con Villalonga respaldado por el PP ché, y la crisis económica de fondo, es un espectáculo impúdico

En 17 días, desde que llegó Juan Villalonga al Valencia F.C. -como si fuera el Mesías salvador– hasta que lo han echado, el ex condiscípulo de José María Aznar y ex presidente de la Telefónica [nombrado a dedo hace doce años por el presidente del Gobierno popular] se ha embolsado como indemnización 10 millones de euros. Cada jornada digamos de trabajo le ha supuesto la bonita cifra de casi medio millón de euros. En Telefónica procuró forrarse hasta el escándalo con los famosos stock options.

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El lunes 19 de junio de 2000, Casimiro García-Abadillo –Pedro J. Ramírez había pasado en ese tiempo del amor al odio respecto a Villalonga- sostenía en El Mundo que el audaz presidente de Telefónica “multiplicó por doce su retribución (…) en sus primeros tres años”. García-Abadillo arrancaba así su artículo: “Juan Villalonga se ha convertido en los últimos años en uno de los ejecutivos mejor pagados del mundo. Este año, por ejemplo, podría cobrar una cantidad que oscila entre los cuatro mil cuatrocientos millones y los seis mil doscientos treinta millones de pesetas”.

Un millón de dólares al año
Villalonga no sólo se enriqueció en Telefónica. Resultan interesantes, y muy significativos, los siguientes párrafos del comentario del actual número 2 de Ramírez: “Hace seis años, cuando Villalonga trabajaba para el First Boston, su salario era de doscientos veinticinco mil dólares al año (…)”, “Posteriormente ingresó en Bankers Trust, su última compañía antes de ingresar en Telefónica. En dicha empresa recibía un salario fijo de un millón de dólares al año (unos ciento veinticinco millones de pesetas)”. “En esa época, Villalonga se jactó de que su fichaje por Bankers Trust y su salario tenían mucho que ver con su amistad con José María Aznar”.

Cenas y desayunos
Así era, y así continúa siendo –por lo que se ha visto en Valencia-, quien era un gran amigo de Aznar y quien alardeaba de su estrecha relación con él y de los beneficios obtenidos por tal relación, incluso antes de que llegara el líder del PP a la Moncloa. Las vinculaciones entre Villalonga y Aznar se quebraron cuando el comportamiento extraordinariamente ostentoso -en términos económicos- del primero puso en riesgo las elecciones de 2000. Empezaron las presiones sobre Villalonga. Fue convocado a cenas y desayunos con el propio Aznar, al cual en una oportunidad acompañó el asesor áulico del PP, Pedro Arriola, y en otra, la mismísima Ana Botella. Temían en Moncloa y en Génova 13 que el affaire Villalonga acabara perjudicando los resultados de las urnas, fijadas para el 12 de marzo.

Auténticas fortunas
La reaparición pública de Villalonga ha vuelto a situar a este personaje en el epicentro de cantidades fastuosas; auténticas fortunas, sólo al alcance de una minoría muy exigua de personas. El culebrón valencianista ha reflejado hasta qué punto el fútbol se mueve básicamente a golpes multimillonarios de talonario entre los magnates de cada club, que lo compran y lo venden, se lo reparten, lo sacan a subasta reservada, lo manejan a su antojo y se esfuerzan en obtener recalificaciones urbanísticas con desplazamientos estratégicos de los estadios. En ese espectáculo tan impúdico no podía faltar, desde luego, Villalonga.

Las fuerzas vivas valencianas
Juan Soler, el principal accionista del Valencia, que puso y depuso a Villaonga casi de la noche a la mañana, fue apoyado en su momento inicial -según han revelado en Levante acreditados periodistas, entre los cuales Julián García Candau-, por las fuerzas vivas de la Comunidad Valenciana, controlada con mayorías absolutas por el PP. Soler les devolvió el favor en las elecciones, como era de esperar. Villalonga mantiene sólidas vinculaciones con la derecha, más allá de sus encontronazos con Aznar, y ha encontrado apoyos en el estado mayor de la política valenciana, con la alcaldesa Rita Berberá a su favor. Y además ha anunciado que regresará a la pelea para disputar el liderazgo del club blanco.

En plena crisis económica
Todo esto sucede en plena crisis económica y con el Valencia F.C. sumido en una deuda estremecedora. No parece que los empresarios implicados, Juan Soler, Vicente Soriano y Juan Villalonga, les preocupe o inquiete la crisis lo más mínimo. Se creen dioses y, desde la óptica del dinero, tienen motivos para pensar que ellos, en efecto, son como dioses. Su talla humana se ha puesto al descubierto. Más bien son tiburones que van a la suya, a la búsqueda de más negocios, de más proyección pública y de más influencia política La crisis económica queda para el populacho. El caso Valencia –como otros muchos similares en el ámbito futbolístico- hiede. Debería servir, al menos, para estimular el celo de la Fiscalía. Es oprobioso que bailen los millones y la justicia dé la impresión de que o no se entera o no se quiere enterar.

Enric Sopena es director de El Plural

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