Socialdemocrácia y valencianismo.

VICENT SOLER

El PSPV es un partido socialdemócrata, de centro-izquierda, pero no es un partido nacionalista. En eso también se diferencia del PPCV, donde un determinado nacionalismo, el español-castellanista, se ha impuesto con rotundidad, aderezado sólo con retórica regionalista.
El socialismo valenciano no puede ser nacionalista porque en su seno conviven sensibilidades muy diversas al respecto. Desde la concepción más jacobina del españolismo uniformista -como en el PPCV- hasta la más girondina identificada con el valencianismo político.
Los equilibrios entre esas sensibilidades han caracterizado las ponencias de los diez congresos anteriores. Para sorpresa de muchos, parece que, si las enmiendas de los militantes no lo remedian, la ponencia del próximo congreso de septiembre habrá roto con esta tradición decantándose por una visión meramente jacobina, aprovechando que se necesitaba remozar políticas y mensajes.
En este sentido, mimetizar del discurso del rival victorioso es cómodo pero ingenuo, porque el elector siempre prefiere el producto auténtico al sucedáneo. Que el PPCV haya podido concitar en la mayoría electoral la convicción de que es el único partido valenciano de verdad, a pesar de todo -y, con ello, ganar aquí cuando en España pierden-, no sólo es mérito propio, si­no también demérito de los socialistas.
Porque éstos han dejado pasar los años sin construir un discurso valencianista alternativo. Tamaña omisión ha hecho que siglas repre­sentativas de esa alternativa como las de PV hayan quedado en desuso. Toda una barbaridad política, porque si algo simboliza mejor la alternativa al valencianismo huero, retórico y victimista de la derecha valenciana son las siglas PV. Y ahora, en lugar de llenar de prestigio y de contenido social, cultural y político estas siglas, va y las abandonan, como certificando una incapacidad de construir alternativas.
Se comprende la renuncia a esas siglas por razones ideológicas porque a un nacionalista español le incomoda el sustantivo país, demasiado cercano a nación, pero no se comprende por razones electorales. Electoralmente, lo que cuenta es demostrar que los intereses de los valencianos están por encima de los intereses del partido.
Además, en sociedades complejas como la valenciana del siglo XXI, masivamente urbanizadas pe­ro profundamente desarticuladas -con el añadido de la multiculturalidad-, se necesitan factores de integración y de cohesión social y, en este sentido, el sentimiento de valencianidad puede jugar un papel decisivo.
Por ello, los socialistas están en condiciones inmejorables para demostrar que los valores de ese republicanismo cívico que práctica el presidente Zapatero se pueden traducir aquí en un valencianismo en positivo que combine autoestima en la propia identidad y ganas de prosperar juntos, sabiendo que el bienestar colectivo tiene un beneficio individual indudable. Un lenguaje que pueden entender perfectamente las clases medias, que son un segmento decisivo en las contiendas electorales.
*Catedrático de Economía. Uni­versitat de València.

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