Os mereceis el triunfo. Mucha suerte, ¡podemos!.

Por fin España

Esta selección es el reflejo del país. La nueva España lleva jugando desde hace años al balonmano, al tenis, al waterpolo… En ella cabemos todos

JUAN PEDRO VALENTÍN – Madrid – 28/06/2008 23:21
Se ha desatado la euforia. Falta hacía. En medio de una crisis económica, de incertidumbres financieras, de amenazas de estanflación, sólo faltaba otra decepción futbolera para retraer el consumo y la inversión. ¿Será esta euforia tan patriótica que provocará la resurrección del sector inmobiliario español? Los analistas deberían estar atentos porque en varias ocasiones  los mercados se han convulsionado con menos.

De lo que no cabe duda es de que España ha exorcizado muchos de sus fantasmas, más incluso de los que se ven a simple vista. En cuartos con Italia, la selección no jugó un partido de fútbol. Fue una sesión esotérica para romper el histórico maleficio. Todo el choque estuvo marcado por el fatídico “ya verás como la única vez que tiren nos la meten y adiós”. El fatalismo, que ha marcado la historia de España durante tantos años, fue superado con una genial carambola. Ni los cuartos, ni Italia, ni el día 22, ni la prórroga, ni los penaltis, ni el árbitro, ni el fallo del portero…, todos los tópicos superados de una vez. Mente limpia, espíritu sano,¡ por fin!

Contra Rusia ya tenía que jugar la nueva España, esa que lleva jugando en baloncesto, balonmano, voleibol, tenis, ciclismo, motociclismo, automovilismo, waterpolo, hockey, atletismo, gimnasia…, desde hace años. Esa España no acomplejada que compra bancos y eléctricas en el extranjero, que habla idiomas, que crece económicamente más que sus vecinos, que sabe lo que es la solidaridad, donde los homosexuales forman una familia mientras los católicos siguen yendo a misa los domingos. Esa España abarrotada de fervor religioso en Semana Santa y de cachondeo promiscuo el día del Orgullo gay.

Empezamos el partido tímidos, con el reparo que tiene un enfermo al que le acaban de quitar la escayola de la pierna y no se atreve a andar por miedo a romperse. Estábamos curados pero había miedo a la recaída.  Hasta la segunda parte, momento en que se desató la bestia que desencadenó la euforia colectiva. España se olvidó de la manida furia y reivindicó el talento. Las soluciones a nuestros males no vienen ya de las asonadas militares sino de la valía de los más preparados, de los que lloraban España en el 98, de los artistas que huyeron o murieron en la guerra por el mero hecho de serlo, no de los que gritaban “¡Viva la muerte!” como filosofía y exhibían las heridas de guerra como curriculum.

Una España así concita adhesiones voluntarias por su juego y su integración. En esta España caben todos. Es un equipo donde el capitán tiene nombre vasco, Iker, y es de Móstoles, una ciudad dormitorio humilde de Madrid; en el que la furia la encarna un catalán de nombre Carles; en el que la música, flamenco racial, la pone un sevillano juerguista que es un portento físico; en el que juega un negro, inmigrante nacionalizado, que todos consideran imprescindible para que España funcione; en el que hay un tipo tímido, bajito con un nombre que toda España pronuncia mal, Cesc, y que dice que echa de menos Londres; en el que hay un Xavi (con uve) y otro Xabi (con b); en el que un niño de Fuenlabrada, Torres,  triunfa en la ciudad de los Beatles; en el que el gitano Güiza se convierte en revelación y no se arredra por su origen humilde; en el Asturias mira con orgullo al máximo goleador, Villa.

Cuando digo España, quiero decir la selección española, pero no me negarán que esa selección es el reflejo de España. En ella ha jugado hasta hace bien poco un independentista, Oleger, y ahora no lo hace porque, como ERC, está en horas bajas. ¿Quieren más analogías? Todo ello está comandado por un viejo entrenador, un tipo peculiar, que hizo carrera como jugador en el franquismo, que parece despistado y es apodado el sabio, que aparenta pasado de moda y da una lección de modernidad futbolística, que se emociona con lo que le dicen sus nietos y es polémico con sus declaraciones a la prensa.

Esta España es la del futuro sin olvidar su pasado, la del talento sin olvidar la garra, la de la pasión con cabeza, la de la integración para mejorar sin miedo, la preparada aunque se haya nacido humilde. Sólo me falla un paralelismo: en este equipo sólo hay hombres. Claro, que si la ministra de Igualdad se empeña lo mismo terminamos con una delantera centra como Pichichi.

 

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