La cobardía de la insinuación.

 ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • RAFAEL FERNANDO NAVARRO

    29/06/2008

 

En democracia la insinuación, como forma grosera de nadar y guardar la ropa, es una cobardía digna del más absoluto desprecio. En democracia tenemos la posibilidad de decir lo que pensamos. Cuando sólo insinuamos con el fin de poder argumentar a posteriori que no dijimos literalmente lo que en realidad dijimos a todas luces, estamos refugiándonos en la sucia mentira y en el farisaísmo propio de mentes mezquinas y contrahechas.

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Cuando la nueva secretaria del PP. la centrista y centrada María Dolores de Cospedal, dice en la COPE que los españoles tenemos derecho a conocer la verdad de lo ocurrido el 11-M y a sus autores intelectuales, está por un lado diciendo una obviedad, pero afirmando por otro que en realidad nos han mentido el gobierno actual, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los jueces que han dictado un veredicto claro sobre esos acontecimientos. Proclamar el respeto a un estado de derecho y negar los pilares sobre los que se mantiene es una contradicción “in terminis”.

Olvida la señora Cospedal que fuimos muchos los españoles que exigimos la verdad desde el primer momento, mientras Aznar adoctrinaba a los directores de los medios de comunicación sobre quiénes debía recaer inexorablemente la culpabilidad del atentado y ordenaba a su representante en la ONU que arrancara del organismo internacional una condena clara y explícita contra la banda terrorista ETA. Y fuimos muchos los que ese mismo día, con las aceras calientes de sangre y los tanatorios repletos de cadáveres, los que preguntamos por la autoría de tanto dolor, mientras Acebes, Astarloa y Zaplana nos mentían consciente y descaradamente. Quien nos mintió no fue el gobierno surgido de las urnas el 14 de marzo, sino el Presidente de un gobierno del Partido Popular encabezado por José María Aznar apoyado en los ministros que le acompañaban y que se encargaron de triturar una verdad que se supo con nitidez a las pocas horas del atentado.

Pero la Señora Cospedal, centrista y centrada, tiene que congraciarse con la COPE, con Pedro J. con Luis del Pino y con un miserable Miguel A. Rodríguez que sigue manteniendo que los españoles tenemos derecho a saber qué grupo terrorista puso a Zapatero en la Moncloa. La nueva Secratria del PP y la elegante voz del Sr. González Pons tienen miedo a esos profetas de la umbría e intentan aportar insinuaciones cobardes al sindicato de los conspiradores.

San Mariano Rajoy converso dice querer independizarse de Aznar, del Mundo y de las emisoras que tanto lo ensalzaron. Lo que no puede conseguir Rajoy es desprenderse de su sombra. Esa oscuridad chinesca lo perseguirá a donde quiera que vaya porque cada uno tenemos una inquebrantable projimidad con ella.

La honestidad, dentro y fuera de la política, es siempre una tarea dolorosa. Quien no sea capaz de soportar ese dolor no tiene dignidad para liderar la historia.

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