¿Qué pensará de todo esto “la niña de Rajoy”?

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Antonio San José
  • ANTONIO SAN JOSÉ

    29/05/2008

Luz de Gas

¿Qué pensará de todo esto “la niña de Rajoy”?

Es para no quitárselo de la cabeza. La pobre niña, aún tan pequeña, asistiendo a un espectáculo obsceno que ha convertido a su mentor – ¿o quizá progenitor? – en el pim-pam-pum de aquellos a quienes consideraba fieles amigos y personas cercanas. La criatura habrá descubierto ya que no hay caridad cristiana, compasión ni perdón posible cuando el barco comienza a hacer aguas y algunos ven amenazado su estatus y su cuota en la proyección pública del partido.

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La situación del Partido Popular se mide ya por el parte diario de bajas que, como en una guerra fraticida, se producen de forma escalonada y premeditadamente cruel. ¿Dónde están los amigos de Rajoy? ¿Por qué el silencio de aquellos que dicen apoyarle? No se escucha a Francisco Camps ni a Ramón Luis Valcárcel ni a Alberto Núñez Feijoo, casi ni a Soraya Sáenz de Santamaría, todos aguardan temerosos y prudentes por lo que pueda pasar. Aparece Esteban González Pons en la radio y sus declaraciones casi le cuestan que le vuelen la cabeza los, hasta ayer mismo, considerados medios amigos. La situación es surrealista y dibuja el mundo al revés. En medio del disloque general quien hace una exhibición de sensatez es nada menos que Manuel Fraga Iribarne. Vamos, para cerrar y marcharse a casa…

Luego están los que no son y quieren pringar. ¿Qué me dicen del preclaro estadista Alejandro Ballestero? (por cierto, ¿quién es el tal Ballestero?), un diputado popular por Castilla-La Mancha cuyo único mérito conocido es haber patinado en Rockefeller Center de la mano de una vistosa ex novia de Bruce Willis. El sujeto se suma a las tesis de Gabriel Elorriaga pidiendo el relevo de Rajoy, lo cual parece irrelevante a todos los efectos viniendo de quien viene. Claro que lo de Elorriaga es de aurora boreal porque resulta de una impudicia desmesurada ocupar todavía el cargo de secretario de Comunicación del PP y escribir un artículo contra su jefe sin haber tenido el gesto digno de haber dimitido previamente. Es la obscenidad política en estado puro. Quien ha dirigido (muy mal, por cierto) campañas electorales de Rajoy, y le ha adulado en público y en privado más allá de lo que resulta estéticamente admisible, se convierte hoy en paladín de un movimiento crítico que muerde la mano de quien le ha dado de comer en política y al que le debe todo lo que es.

La cúpula del PP está mostrando, desde luego, su verdadera faz. Enredados en el azul de sus luchas cainitas y guerras intestinas, el partido de la derecha se ha olvidado de para qué les otorgaron los ciudadanos diez millones de votos: para hacer oposición, una actividad que, hoy por hoy, brilla clamorosamente por su ausencia que únicamente podría causar regocijo en algunos sectores indocumentados del PSOE que no acaban de percatarse de lo negativo que es gobernar sin el imprescindible contrapeso del partido rival. Sería bueno que no se ensimismaran con la actual situación y, sobre todo, que no cometan errores de los que puedan arrepentirse por mucho que vean el campo libre.

Mucho me temo que la galopante crisis económica, que viene cada vez a mayor velocidad, va a hacer el papel de oposición del que ha dimitido Rajoy y todos los que le rodean. Entonces el Gobierno deberá dar la auténtica talla de su estatura política y la cosa da la impresión de que se presenta dura, de ahí que toda confianza excesiva resulte ser en estos tiempos tan desaconsejable como letal.

Antonio San José es periodista y analista político

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La situación del Partido Popular se mide ya por el parte diario de bajas que, como en una guerra fraticida, se producen de forma escalonada y premeditadamente cruel. ¿Dónde están los amigos de Rajoy? ¿Por qué el silencio de aquellos que dicen apoyarle? No se escucha a Francisco Camps ni a Ramón Luis Valcárcel ni a Alberto Núñez Feijoo, casi ni a Soraya Sáenz de Santamaría, todos aguardan temerosos y prudentes por lo que pueda pasar. Aparece Esteban González Pons en la radio y sus declaraciones casi le cuestan que le vuelen la cabeza los, hasta ayer mismo, considerados medios amigos. La situación es surrealista y dibuja el mundo al revés. En medio del disloque general quien hace una exhibición de sensatez es nada menos que Manuel Fraga Iribarne. Vamos, para cerrar y marcharse a casa…

Luego están los que no son y quieren pringar. ¿Qué me dicen del preclaro estadista Alejandro Ballestero? (por cierto, ¿quién es el tal Ballestero?), un diputado popular por Castilla-La Mancha cuyo único mérito conocido es haber patinado en Rockefeller Center de la mano de una vistosa ex novia de Bruce Willis. El sujeto se suma a las tesis de Gabriel Elorriaga pidiendo el relevo de Rajoy, lo cual parece irrelevante a todos los efectos viniendo de quien viene. Claro que lo de Elorriaga es de aurora boreal porque resulta de una impudicia desmesurada ocupar todavía el cargo de secretario de Comunicación del PP y escribir un artículo contra su jefe sin haber tenido el gesto digno de haber dimitido previamente. Es la obscenidad política en estado puro. Quien ha dirigido (muy mal, por cierto) campañas electorales de Rajoy, y le ha adulado en público y en privado más allá de lo que resulta estéticamente admisible, se convierte hoy en paladín de un movimiento crítico que muerde la mano de quien le ha dado de comer en política y al que le debe todo lo que es.

La cúpula del PP está mostrando, desde luego, su verdadera faz. Enredados en el azul de sus luchas cainitas y guerras intestinas, el partido de la derecha se ha olvidado de para qué les otorgaron los ciudadanos diez millones de votos: para hacer oposición, una actividad que, hoy por hoy, brilla clamorosamente por su ausencia que únicamente podría causar regocijo en algunos sectores indocumentados del PSOE que no acaban de percatarse de lo negativo que es gobernar sin el imprescindible contrapeso del partido rival. Sería bueno que no se ensimismaran con la actual situación y, sobre todo, que no cometan errores de los que puedan arrepentirse por mucho que vean el campo libre.

Mucho me temo que la galopante crisis económica, que viene cada vez a mayor velocidad, va a hacer el papel de oposición del que ha dimitido Rajoy y todos los que le rodean. Entonces el Gobierno deberá dar la auténtica talla de su estatura política y la cosa da la impresión de que se presenta dura, de ahí que toda confianza excesiva resulte ser en estos tiempos tan desaconsejable como letal.

Antonio San José es periodista y analista político

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Una respuesta

  1. solo apoyan a Rajoy los PREBOSTES como FABRA ……y 4 gatos mas …..yyy a todo esto , que opina ANSAR de todo esto? …..ganará el MADRIZ la copa de Europa? ….

    les mantendremos informados ,,permanezcan a la escucha —

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