Bien traido, en estos momentos, y publicado en Blogosfera Progresista.

Miraba en “La Opinión” la foto del Nuevo Proyecto Socialista y pensaba que aquella gente joven que no conoció de cerca las viejas luchas internas del PSRM-PSOE, originadas desde que dimitiera, en 1983, el ahora tan respetado primer secretario general del partido socialista de la Región de Murcia, Andrés Hernández Ros.

Desde entonces, en una batalla orgánica casi fratricida, de la que hoy se habla o se discute en todas las agrupaciones, se han ido dejando en el camino, y sin recoger, a muchos y buenos militantes de este nuevo y viejo partido. Y es que, desde entonces, el combate por hacerse con la ejecutiva regional ha sido incesante. Tampoco Saura ha hecho absolutamente nada por restaurar y armonizar el socialismo murciano. Pero yo, a pesar de ello y por un momento, pensaba que los socialistas de esta foto podrían alterar el autismo que en estos momentos padece el partido en nuestra Región.

Hace dos días, en una agrupación socialista, la candidatura de delegados, según parece cercana a Saura, salía adelante por ocho votos, mientras que la abstención llegaba a los treinta y siente. Y me dije: la rebelión de las bases. Pero posiblemente no será así. Porque la secular combinación de “aparatos” locales y sus delegaciones se opondrán en el congreso a aquellas otras desde las que se busca una salida a la crisis del partido.

Porque el sentido común nos indica, según los resultados electorales que se han producido por la gestión de la actual ejecutiva, que el partido sigue en crisis después de las asambleas, y lo viene estando porque muchos de los delegados están ya comprometidos con la “familia” a la que se identifican. Extraño vicio de una organización que debe buscar acuerdos y soluciones definitivas de entendimiento.

La evaluación del tiempo precongresual determina que Saura no tiene un proyecto distinto que aquel con el que ha perdido. La dirección actual no ha ofrecido una alternativa tan clara como ilusionante para hacerse creíble, convincente. La ponencia marco es de una torpeza política tan difícil de arreglar que, se supone, que se saldará en el congreso con una enmienda a la totalidad.

Por otro lado, la velocidad del sistema seleccionador asambleario en las agrupaciones, previo al congreso, ha sido demoledor, y lo que debía ser un congreso de más tiempo para más participación se ha constituido en un congreso diferencial de punteo de censos de referencias nominales insalvables, determinando todo ello un debate acelerado extraordinario que, además, sólo se quiere resolverse con la evaluación cuantitativa de la militancia agrupada en los cortijos de poder.

De otra parte y desde esta sintomatología, la buena voluntad no entra en estos protocolos de evaluación política. Pero entonces ¿por qué las bases del partido no culminan su proyecto de arrancarle al congreso un nuevo discurso regional autónomo y de un evidente progreso, referenciado en nuevos rostros?

Porque aunque se votara la lógica del sentimiento y de la razón sobre la validez de que los efectos resultantes de la mala gestión de la actual ejecutiva son muy negativos, verdaderamente desastrosos, la complicidad del poder orgánico, establecido en estos momentos con lícito esquema electoral de delegados al congreso, puede impedir el cambio deseado.

Entonces ¿cómo se puede atravesar la frontera de lo contradictorio? En principio, reflexionando y analizando en la Región de Murcia sobre la consideración que pudiera derivarse de la victoria de José Luís Rodríguez Zapatero en España: el PSRM-PSOE tiene la obligación de superar su crisis orgánica partiendo de un proyecto político moderno y nítidamente de izquierdas, y lo debe de transmitir un equipo cohesionado, que atienda todas las legítimas demandas de la militancia, desarrollado desde un lenguaje nítido, claro, pero semánticamente esperanzador para los ciudadanos, ilusionante.

Dirigido por un grupo de personas que estén dispuestas a rescatar a los hombres y mujeres que han quedado arrollados por una dinámica de casi treinta y cinco años de enfrentamientos, descontaminando el partido de las luchas internas y amparando en el proyecto a quienes, sinceramente, deseen ayudar a curar definitivamente, en un estado de leal conciliación, las huellas de tantos años dolosos.

¿Pero ello no es realmente lo que defiende el Nuevo Proyecto Socialista?, ¿el de unos jóvenes que eran unos niños cuando se originó aquella primera crisis orgánica?. Sí, pero hace falta una rebelión de las bases. O aún mejor, la unidad confiada de todos los militantes. Pero para ello, sería necesario, a mi modo de ver, un arbitraje. Liderado, tal vez, por el mismísimo Zapatero. Y el impulso estructural de una pasión evidente por conseguir, todos a una, partido y sociedad, un gobierno socialista para la Región de Murcia.

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