Análisis del Congreso del PP.

POLÍTICA

Seguirán yendo a por Rajoy, aun habiendo ganado el Congreso

El Príncipe de las Conspiraciones anuncia que “primero lo asesinarán” y luego “lo abdicarán”

El Congreso del PP lo ha ganado Mariano Rajoy y ello empieza a ser inapelable. Uno de los cerebros mediáticos de la operación de acoso y derribo planificada contra el jefe de la derecha sostiene que el vencedor ha sido Arenas, que es una forma de seguir menospreciando o ninguneando al político pontevendrés. Pero soslaya que quien promovió a Javier Arenas para formar parte del Comité de Dirección del PP fue Rajoy. Y lo mismo hizo con Alberto Ruiz-Gallardón, que es otro triunfador del cónclave pepero.

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La perdedora -sin apenas paliativos- se llama Esperanza Aguirre, cuyos sueños de grandeza imaginándose inquilina del palacio de la Moncloa están convirtiendo a la más que ambiciosa lideresa madrileña, en la protagonista de una nueva versión del tan conocido como amargo cuento de la lechera. Ha conspirado cuanto ha podido desde antes del 9 de marzo, y después más todavía, para llegar a ser la sucesora de Rajoy. Ahora lo tiene mucho más difícil. Casi imposible.

La esperanza blanca
Aguirre era la esperanza blanca de los sectores más radicales del PP. Es decir, del aznarismo. Y el aznarismo ha sufrido un fuerte varapalo en este Congreso, aunque Aznar lo haya aprovechado para fustigar públicamente a su heredero, al que él designó por la vía del dedazo. Pues bien, cada frase de condena o de desprecio a la política que pretende llevar a cabo Rajoy se ha trasformado, estos días, en un boomerang contra quien las pronunciaba, que era Aznar . ¿O no es él el máximo responsable, como avalista de Rajoy, del giro hacia el desviacionismo de su discípulo bien amado en quien tenía puestas todas sus esperanzas?

Alta provisional
Aunque Aznar haya intentado matar al hijo, lo cierto es que muchos síntomas apuntan a que está siendo el hijo el que procura –al menos por la cuenta que le trae- matar al padre. Rajoy sale más fuerte del Congreso que cuando lo anunció poco después del 9 de marzo. Entonces parecía políticamente moribundo. Hoy los médicos le han dado el alta provisional. Sin embargo, Rajoy debe tener en cuenta que el peligro de una recaída persiste. Ha ganado una batalla, pero los amotinados no bajarán la guardia y seguirán blandiendo el hacha de guerra, porque la guerra va a continuar.

El orden de los factores
Sin ir más lejos, el Príncipe de las Conspiraciones –otro derrotado en el Congreso, como su compadre radiofónico- ayer recurría al rey de Inglaterra Ricardo II (1367-1400) para adentrarse en “historias tristes de las muertes de los reyes” y trazar un paralelismo entre ese monarca y Rajoy. A éste le vaticina muerte primero y abdicación después. Atención al párrafo en el que se lee que “estamos convencidos de que se cumplirá la profecía del hada intempestiva, de que quienes perforarán al hoy ungido con el huso envenenado por la pócima del sopor eterno están dentro de la sala y que lo único diferente será en este caso el orden de los factores porque a Rajoy primero “lo asesinarán” y después “lo abdicarán””.

Las urnas no lejanas
Irán a por él –seguirán yendo a por él- porque puede salirse con la suya y trasladarse dentro de cuatro años a la Moncloa y eso sería el fin de muchas ambiciones. También irán a por él porque si -antes o después- acaba lanzando la toalla, su sucesor sería el malvado Gallardón y eso tampoco lo soportan. Irán a por él porque sus intereses están mejor protegidos con el continuismo aznarista/ esperancista que con Rajoy, que no parece dispuesto, como Roma, “a pagar a los traidores”. Pero está claro que, más allá de las conjuras, Rajoy se la jugará en las urnas no lejanas de Euskadi, Galicia y europeas. O sube y, sobre todo, triunfa o probará, quiera o no, “la pócima del sopor eterno”.

Otra asignatura pendiente
Por otra parte, Rajoy y su flamante equipo siguen estando bajo sospecha respecto al centrismo. ¿Conseguirá Rajoy que la ciudadanía olvide o perdone su pérfido papel como jefe de la agitación y de los embustes más abyectos y lo consagre como líder de la moderación o de la, según él, “oposición constructiva”? Ésta es otra decisiva asignatura pendiente que no ha aprobado aún el renovado presidente del PP. Su oposición durante cuatro años fue destructiva. ¿Por qué de un día para otro, tras el veredicto de las urnas, se cambió de camisa? ¿Por qué tenemos que creernos la autenticidad de estas conversiones súbitas?

Enric Sopena es director de El Plural
 

 

 

 

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